El Faro. Expo Zaragoza 2008 «El botijo»

Dirección del documental: Maite Calvo Álvarez
Producción del documental : Jesús Guillén

El Pabellón de Iniciativas Ciudadanas, conocido como El Faro, fue uno de los más singulares y apreciados de la Expo 2008, tanto por su original arquitectura, basada en el empleo de materiales sostenibles y naturales, como por los intensos y apasionantes debates que en él tuvieron cabida.

Ha sido proyectado por el arquitecto Ricardo Higueras en colaboración con Iñaki Urquía, arquitecto dedicado enteramente a la realización de arquitectura ecológica. Llama la atención su aspecto, ya que se inspira en un cántaro de cerámica, tanto en su forma como en su funcionamiento.

Inspiración tradicional y materiales de arquitectura vernácula Los materiales empleados para toda la estructura del edificio son el barro (adobe), la paja, el bambú, la caña y la madera. Debido a sus grandes dimensiones (25 metros de alto y 35 de diámetro, y una superfície de 1000 metros cuadrados) el cerramiento de barro necesitaba una estructura portante de madera y caña, y una estructura secundaria de bambú y paja. Las formas, basadas en el sistema tradicional de la cúpula, son formas estables cuya tracción soportará la paja de la estructura.

El barro se obtiene del propio emplazamiento, no conlleva ningún procesado ni necesidad de energía más allá de la energía mecánica para compactarlo, y dota al edificio de buenas propiedades térmicas. La paja es un material local y renovable que de no utilizarse sería un residuo, y otorga al edificio sus impresionantes propiedades aislantes para así permitir el confort interior sólo por medios pasivos. Finalmente, el proyecto plantea el uso de bambú, otro material natural y renovable que gracias a sus propiedades de resistencia y flexibilidad ha sido usado tradicionalmente en la construcción en las regiones donde crece, y que actualmente llega a sustituir al acero en las realización de estructuras de edificación de esos países. En este caso se intentará reducir el uso de bambú ya que por el momento tiene que ser importado desde países lejanos, con lo que en algunas aplicaciones se prevé emplear caña local. En la entrada se instalará un porche de caña viva.

El objetivo es que la temperatura en el pabellón se pueda regular de manera natural, como sucede en el cántaro o el botijo cerámico, de manera que el interior permanezca fresco en verano por medio pasivos.

Una construcción ejemplar. Otros aspectos en cuanto a confort para los visitantes serían el aprovechamiento de la luz natural y el hecho de haber preparado la entrada al pabellón en la fachada sur y la salida en la norte. De este modo, después de permanecer en el interior, bastante fresco, se sale a un espacio sombreado y menos caluroso, para evitar los contrastes bruscos de temperatura y permitir una aclimatación más suave de los visitantes a las condiciones ambientales que les rodean.

En definitiva se trata de una bella construcción, enteramente proyectada para su compatibilidad con el medio ambiente, y que aplica los criterios más radicales de bioconstrucción en cuanto a uso de materiales naturales poco procesados.